Todo proceso de apropiación es un proceso de expropiación. Acerca de la Inteligencia Artificial

A lo largo de buena parte de la historia de nuestra especie y en buena parte de las sociedades, la reproducción y creación cultural nunca usó idea alguna de propiedad intelectual. Las personas, las instituciones y las sociedades simplemente usaban y adaptaban los elementos culturales que les parecían útiles para si. Incluso en sociedades donde se le daba importancia al autor de una obra no era extraño que los mismos autores fueran bastante despreocupados sobre sus fuentes o de quién tomaban una idea. En las culturas del manuscrito, por cierto, la diferencia entre autor, comentarista y copista eran bastante menos claras que lo que resultaron después.

Por diversos motivos y causas que no entraremos a discutir aquí, durante la modernidad temprana fueron creadas diversas formas de propiedad intelectual (licencias, patentes etc.). Como a veces es necesario escribir precauciones para eliminar incomprensiones: nada de lo que decimos afecta la validez o evaluación de esos motivos y causas. En algún momento algunos actores percibieron que para fomentar las invenciones era útil darles una patente al inventor creando así un nuevo monopolio. Del mismo modo, varios creadores artísticos aprovecharon este nuevo régimen de propiedad para obtener sus ingresos (y así, dejar de depender de mecenas o instituciones); y en general las sociedades modernas optaron por usar ese medio para resolver el problema práctico de los medios de vida de los creadores.

Esta creación de derechos de propiedad implicó a su vez un proceso de expropiación. A quienes quedaron ahora fuera de esos nuevos derechos se les quitó una serie de acciones que antes podían realizar sin mayor problema: copiar una obra, imitar una práctica, adaptar algo. Tenían ahora que pedir permiso (o pagar por éste) a los que detentaban estos nuevos derechos de propiedad.

Crear derechos de propiedad es, inherentemente, expropiar a otros. Es parte del concepto. En su base, tener propiedad de algo, en particular en la forma en que lo pensamos actualmente, es poder prohibir a otros que hagan uso de ese algo.

Podemos usar la discusión anterior para pensar lo que ocurre actualmente con la Inteligencia Artificial Generativa (IAG). El valor de la IAG proviene, al final, de tres fuentes: (1) El conocimiento colectivo acumulado de la humanidad, que es la información sobre la cual dichas inteligencias son entrenadas. No olvidemos que lo de colectivo de la humanidad no es hipérbole: por ejemplo, muchos modelos se entrenan con información en redes sociales donde participa prácticamente toda la población; y en general quienes buscan fuentes de datos para entrenar a las IAG buscan información de la manera más amplia posible. (2) Los modelos creados en las empresas del área para poder generar respuestas en base a dicho conocimiento. (3) El hardware que permite realizar todas sus operaciones. Todas esto es necesario para que se genere el valor de las AIG. Y en particular, el valor de esos modelos . El modelo sin esas bases de conocimiento simplemente no existiría, y sin el hardware seria bien limitado: si todo lo que hacen las IAG se realizara sólo a través de modelos que operaran localmente se podrían hacer muchos cosas, pero en comparación con lo que ofrecen las empresas a través de sus servidores sería bien diferente. Conste que además son los modelos los que requieren, en particular, de los otros elementos. El conocimiento colectivo de la humanidad ya genera mucho valor -es lo que se hacía antes y sin IAG. Las empresas de hardware también eran exitosas sin ellas.

La forma en que se genera y distribuye el valor económico creado por las IAG -y los ingresos, valoración en bolsa e inversiones asociadas claramente indican que se ha generado valor, más allá de si incluso hubiere mucho de burbuja en ello- depende de las estructuras sociales de apropiación existentes. En la estructura que tenemos ocurre que el conocimiento acumulado colectivo de la humanidad no recibe ningún rédito económico. Quienes se apropian del valor económico producido son más bien las compañías que crean los modelos (y en segundo lugar, los que siguen la cadena física de valor, propietarios de la materialidad que genera el hardware). Eso no es algo intrínseco a la tecnología. Hay un determinado régimen de propiedad que genera esos resultados. Pensemos en cómo las empresas de IA usan una legislación de uso de propiedad intelectual que había sido pensada para otras situaciones: ¿alguno de los creadores de las ideas sobre fair use, por ejemplo, hubieran pensado en algo similar a como estos modelos aprenden de las bases de conocimiento?. Las consecuencias de las tecnologías no se deben sólo a los rasgos intrínsecos de ellas, sino que dependen de cómo se articulan con procesos sociales con sus propios atributos.

Las formas en que nos relacionaríamos, y las preocupaciones existentes, con la IAG serian bastante diferentes si las formas sociales de los derechos de propiedad (y la distribución de valor económico asociada) fueran diferentes. Si los creadores del conocimiento recibieran parte importante de los beneficios económicos que genera esa actividad a través de las IAG entonces la relación -y no sólo al nivel de la percepción, sino también de la realidad material- seria bastante diferente.

Para usar una expresión antigua: estamos viviendo la apropiación privada de lo que son los medios colectivos de producción, que ahora son de forma creciente medios de producción intelectual. Y si todavía no se traduce en expropiación estricta, la dirección es hacia volver inviable la vida de quienes producen ese conocimiento colectivo.

Agregar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *