La historia se puede escribir desde múltiples perspectivas; no hay tal cosa como la historia. Dada esa diversidad básica quizás no sería necesario defender por qué se sigue una perspectiva en particular. Sin embargo, ello resulta necesario -no es evidente porque una perspectiva en particular podría ser interesante. Si se quiere exponer una historia desde la perspectiva de las formas institucionales es relevante mostrar que permite dicha perspectiva.

Speak to Zinu: Thus Iddus-Sin. May Shamash, Maruk and Ilabrat for my sake forever keep you well. Gentlemen’s clothes improve year by year. You are the one making my clothes cheaper year by year. By cheapening and scrimping my clothes you have become rich. While wool was being consumed in our house like bread, you were the one making my clothes cheaper. The son of Adad-iddinam, whose father is (only) an underling of my father, has [recei]ved two new garments, (but) you keep getting upset over just one garment for me.. Whereas you gave birth to me, his mother [acquir]ed him by adoption, but whereas his mother loves him, you do not love me (En James B. Pritchard, The Ancient Near East. An anthology of texts and pictures. Princeton University Press 2011, publicación original de 1950-1954, Cap. XIX p. 448)

La carta citada fue escrita por un joven hijo de un funcionario de Hammurabi en el siglo XVIII AC. A pesar de la distancia, la carta nos es plenamente comprensible: El reclamo ante la madre lejana, la comparación de estatus y de afectos a través de bienes son cosas que son del aquí y ahora del mismo modo que lo son de cualquier lugar en cualquier tiempo. Los seres humanos en tanto seres humanos no son tan diferentes y una historia de la humanidad lo que hace es mostrarnos nuestros rasgos comunes.

Al mismo tiempo el hecho que esto sea una carta, que nos ha llegado a nosotros en parte producto de las formas específicas de registro usados en Mesopotamia (escritura cuneiforme en tablillas de arcilla), que quien escribe es un hijo de funcionario, nos muestra que hay otra perspectiva que nos muestra la diversidad profunda de la vida que esos seres tan similares viven. No en todos los contextos sociales se dispone de esa tecnología de comunicación, no en todos los contextos existe ese personaje que se denomina funcionario de organizaciones jerárquicas (que puede tener ‘underlings’). En el caso, esas son formas institucionales que comparte con nosotros; sería fácil pensar en tipos de instituciones que estructuran nuestras vidas pero que no eran parte de la vida del joven autor de la carta (que no podría haber pedido dinero, dado que la moneda se inventa con posterioridad; o que jamás podría haber pensado en conocer lo que sucedía en su mundo a través de medios de comunicación), y además en las modificaciones de las propias prácticas institucionales que ya usaba (las formas de comunicación que usaría ahora para hacer ese mismo reclamo son distintas).

Una historia de las formas institucionales lo que hace es destacar la diversidad de las formas de vida que los seres humanos experimentan. Pero además lo hace de una manera particular. Al fin, una historia de las sociedades también podría hacer ello; pero no es lo que se propone aquí. No es una historia donde los dramatis personae son Mesopotamia, la Dinastía de los Tang o la Francia de Luis XIV. La historia es una de ciudades, de universidades y de corporaciones multinacionales.

En una frase famosa, Émile Durkheim definía parcialmente los hechos sociales como ‘manières d’agir, de penser et de sentir’ (Las règles de la méthode sociologique, Cap 1. p. 5. Presses Universitaires de France). Cada vez que los seres humanos actuamos coordinadamente usamos estas formas de actuar, de pensar o de sentir: Por ejemplo, para decidir colectivamente se usará (en ciertos casos y contexto) el mecanismo de la votación; o si nos organizamos usaremos un patrón de roles establecido (presidente, secretario, tesorero -estructura que he visto en múltiples casos); o si queremos decir algo, pensaremos (quizás) en escribir columnas en medios. Y así con múltiples otras formas. El conjunto de esas formas de las cuales disponemos, y a las cuales recurrimos, y en las cuales nos movemos (puesto que ya están establecidas) estructura nuestras vidas. Lo que queremos hacer, nuestras motivaciones y deseos, puede ser -como en la carta del inicio- siempre igual; las maneras a través de las cuales buscamos realizarlas, son diferentes. Una historia de las formas institucionales nos permite mostrar, describir e intentar dar cierto orden, a toda esa variación.

Un esbozo de historia de estas prácticas y formas de actuar, que es lo que se intenta hacer en este texto, observará esta historia a gran altura. Por eso no es tanto una historia de las instituciones (una historia de todas las formas que ha adquirido el derecho y la ley por ejemplo), sino una historia de las formas institucionales: De esas maneras a un nivel bien básico, donde lo que hacemos notar es que se desarrolla esa forma de habitar que llamamos ciudad, o esa práctica que son las religiones universales de salvación, o esa manera de generar conocimiento que llamamos ciencia. Una historia de la infraestructura social básica con las cuales los seres humanos construyen sus vidas. Eso es lo que intentamos realizar aquí

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